El 3 de junio de 2015 nació el movimiento denominado “Ni Una Menos” como una pulsión de las mujeres hartas de la violencia física, que es la más extrema, la más palpable y la más visible de todas las violencias. No es la única, pero se constituye como la expresión que pone sobre la mesa todo un entramado complejo de relaciones y vínculos sociales basados en la desigualdad entre hombres y mujeres.

Ese movimiento amorfo, que en 2015 estuvo fuertemente motorizado a través de las redes sociales, busca desenredar ese ovillo que deriva en femicidios, sin embargo ese tirar de la punta de la lana no encuentra grados de consensos suficientemente altos como para destrabar cada uno de los nudos que oprimen el cuello de las mujeres del patriarcado.

En 2015 el reclamo fue básico: basta de matar y violar a las mujeres. Surgió como una respuesta de indignación frente al femicidio de Chiara Paéz. Chiara tenía 14 años, cuando el 10 de mayo de 2015 su novio la mató a golpes y la enterró en el patio de su abuelo. Finalmente el joven confesó el crimen.

Esa primera movilización marcó un hito en la historia del feminismo en Argentina. El grado de consenso que se alcanzó fue enorme ya que mujeres militantes de la primera hora, se encontraron con mujeres sindicales y referentes partidarias, con amas de casa, con empleadas domésticas, con ingenieras, con niñas y adolescentes, con periodistas, con médicas, con maestras, con mamás y con abuelas. Todas tenían -y aún tienen- algo en común, son víctimas del patriarcado. Ese sistema de valores y acuerdos en los que se sustenta la organización social, cultural y económica del mundo que es injusto y que no tiene nada de igualitario.

Pasaron 4 años. Estamos en un momento de ebullición social, atravesando un cambio de paradigma que pone en jaque la configuración de las relaciones entre mujeres y hombres en todos los ámbitos, tal como las conocíamos hasta ahora. Y surgen en todo el mundo movimientos de denuncias que durante años estuvieron silenciadas, hoy la sociedad le dice a las instituciones estatales que no hay más tolerancia para la asimetría entre los géneros. Pero la respuesta del Estado llega tarde. Y esa demora se cobra la vida de las mujeres.

La última movilización del 3 de junio no tuvo la contundencia que tuvo la concentración convocada por la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto, Legal, Seguro y Gratuito hace una semana atrás. Y vale preguntarse porqué. No fue la inclemencia del clima fueguino, porque en 2015 la plaza Cívica de Ushuaia estaba escarchada. Pero llena de gente. No puede ser tampoco el grado de consenso sobre un tema o el otro. Hay mucho más acuerdo en que está mal pegar o matar a las mujeres, que en que las mujeres puedan decidir sobre su propio cuerpo. Sin embargo, Ushuaia se tiñó de verde el martes pasado.

“Ni una menos”, es un espacio que conglomera organizaciones, sindicatos, partidos y mujeres independientes que buscan la manera de desentramar ese ovillo heteropatriarcal que oprime, mata y teje trampas que atentan contra la igualdad efectiva entre los géneros. No se trata de un problema de seguridad, se trata de un problema sociocultural y por lo tanto la respuesta al reclamo no es punitivista. No hay ni una menos si hay tolerancia con un Concejo Deliberante sin mujeres o un Consejo de la Magistratura en el que hay sólo hombres. No existe “ni una menos” sin aborto legal. No habrá “ni una menos” si el Poder Judicial no tiene perspectiva de género. No se pueden poner el cartel de “ni una menos” sin sancionar la Ley Micaela y no existe Ley Micaela sin presupuesto asignado. Volver asignar los valores que tiene la consigna, de eso se trata. Y ahí gritar ¡Ni Una Menos!

 

Luz Scarpati

 

 

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