Nicolás Camargo Lescano para Agencia CTyS-UNLaM – Dicen, los de más experiencia, que la historia suele repetirse. Este miércoles, al centenar de personas que se acercaron al INGEBI-IBYME para participar del II Cabildo Abierto Nacional en Defensa de la Ciencia los recibió una bandera colgada. La misma bandera, contaría luego el investigador Mauro Morgenfeld, que el Instituto hizo en 2001 cuando querían cerrar el CONICET.

Convocado por la Mesa Coordinadora de Directores del Instituto CONICET y coorganizada por la Comisión Interna IByME-INGEBI, este Segundo Cabildo profundizó y amplió la serie de críticas y reclamos que la comunidad científico-académica viene enarbolando desde hace un tiempo, como los fuertes ajustes en materia de presupuesto. Pero esta jornada, además, se propuso como espacio de debate abierto en cuestiones de política científica y sobre por qué es necesario que haya mayor inversión en el área, junto a la consigna #NoExtinganlaCiencia.

Quien dio las palabras de bienvenida fue Marcelo Rubinstein, director del Instituto de Investigaciones en Ingeniería Genética y Biología Molecular (INGEBI), quien destacó la enorme pluralidad ideológica y partidaria entre quienes llevan adelante el reclamo y la importancia del Cabildo Abierto de Mayo, en el Museo Argentino de Ciencias Naturales.

“A partir de esa jornada, y de la exposición de Jorge Aliaga en referencia a los números, las autoridades pasaron a reconocer lo que estaba pasando, hecho que antes no sucedía– aseguró Rubinstein-. De hecho, Lino Barañao dijo, poco después, que la ciencia estaba en la situación de un cerebro con hipoxia. Lo que necesitamos ahora, con los números más que claros, es debatir y decidir cómo salimos de acá para adelante y qué necesita un país como Argentina”.

La primera disertación estuvo a cargo de Fernando Stefani, vicedirector del CIBION (Centro de Investigaciones en Bionanociencias), donde detalló cómo funcionan las políticas científicas de los países considerados desarrollados. “Cuando uno analiza las cifras, se da cuenta que los países que más invierten en Ciencia y Tecnología son, justamente, los países desarrollados, como Israel, Corea del Sur o Japón”.

Para contextualizar la situación local, Stefani expuso cifras donde el monto dedicado al área en Argentina es similar, por ejemplo, al utilizado en un solo instituto, como el MIT (Massachusetts Institute of Technology) o mucho menor al utilizado por el estado de San Pablo, en Brasil.

Además, Stefani advirtió que los países desarrollados invierten cada año “un poco más, de acuerdo a sus capacidades y a su PBI, por lo que la inversión siempre está en continuo movimiento, año a año”. En este sentido, el investigador del CONICET precisó que estos países “están en una carrera por transformar hallazgos científicos en éxitos económicos. Es un proceso continuo, una carrera donde la meta siempre se corre hacia el futuro”.

El vicedirector del CIBION resaltó que cualquier tecnología que se produzca queda obsoleta con el paso del tiempo, por la alta competencia. “La única forma es seguir invirtiendo en ciencia y en investigación. Una cifra posible, para tener una tasa competitiva, podría ser de 600 millones de dólares, cada año. Y no es tanto si se compara, por ejemplo, con los 12 mil millones de dólares de giro de divisas al exterior, el monto de retenciones a los granos, el capital blanqueado, etcétera”.

Stefani aclaró que no se trata de criticar estas medidas, sino de “redireccionar, mínimamente, cualquiera de estas políticas y lograr incentivar al sector privado, para que decidan invertir en ciencia y tecnología y no en el exterior”.

Luego fue el turno de Marina Simian, investigadora Independiente de CONICET e integrante del Instituto de Nanosistemas de la UNSAM, quien disertó sobre los créditos de organismos Multilaterales para la Ciencia y la Tecnología en el país.

En este sentido, la científica criticó el hecho de que “los procesos están totalmente desorganizados, hay una total caída del orden”, al tiempo que señaló que, desde 2018, no hay información disponible respecto a cómo se van a financiar los subsidios adeudados, ya que no pueden ser financiados con estos créditos. “Es obligación del Estado explicar públicamente como lo van a hacer”, remarcó.

Números en rojo

Fernanda Parborell, directora del Laboratorio de Estudios de la Fisiopatología del Ovario en el IByME, expuso cifras de este instituto para reflejar la situación actual. Así, explicó que el porcentaje cobrado del Presupuesto Consorcio obligado del 2019 es de, apenas, el 35 por ciento.

En materia de presupuestos para los proyectos, además, la investigadora mostró que en los proyectos PIP (Proyectos de Investigación Plurianuales) del IByME de 2015-2017, el porcentaje cobrado varía entre el 16 y el 29 por ciento, dependiendo de la categoría. De los proyectos 2017-2019, el porcentaje directamente es cero.

En cuanto a proyectos PICT (Proyectos de investigación científica y tecnológica), también del IByME, pasaron del 89 por ciento del total cobrado en 2014 a, apenas, un 0,28 en los PICT 2017. Además, alertó que las becas doctorales, postdoctorales y el ingreso a Carrera de investigador disminuyeron notoriamente.

Alberto Kornblihtt, quien asumió hace pocos meses como Director por el área de Ciencias Biológicas y de la Salud –luego de varios meses se estar frenada su designación por la falta de la firma de Mauricio Macri del decreto- compartió con el auditorio algunas medidas y debates que tuvieron lugar en el Directorio. Entre ellas, la votación para tomar decisones, cuando antes se realizaba por consenso, y la decisión de publicar las actas para que estuviesen al acceso de todos.

“Nosotros representamos a la plataforma por la cual fuimos votados y elegidos, no para representar al Poder Ejecutivo”, aseguró Kornblihtt, en relación a ciertos intereses de parte del Gobierno en materia de política científica.

El investigador mencionó además que la Ley de Ciencia –propuesta por Omar Perotti y que busca “el incremento progresivo y sostenido del presupuesto nacional destinado a la función ciencia y técnica”– tiene media sanción en la Cámara de Senadores, pero que actualmente el proyecto está frenado. “Barañao se opuso a que esa ley fuera tratada, argumentando que antes de pedir plata hay que saber en qué se va a gastar”, denunció el científico.

Kornblihtt también aclaró que el porcentaje actual dedicado a Ciencia y Tecnología es del 0,25 por ciento -contra el 0,35 de 2015-, y que la diferencia con el 0,65 que se suele mencionar “se trata de los sueldos de dedicación exclusiva en universidades, lo que no está enteramente destinado a investigación, sino, en gran parte, a la docencia”.

Con respecto al Presupuesto 2020 para el área, el científico contó que se debatió, por primera vez, en el Directorio, aunque con un techo de parte del Poder Ejecutivo. “El preliminar, con estos techos, suma alrededor de 20 mil millones de pesos. Pero esto no incluye paritarias de 2019, no incluye el crecimiento vegetativo de la carrera del CONICET y no incluye el crecimiento vegetativo de los becarios”, alertó el investigador, quien además expresó que, de acuerdo a lo pactado con las autoridades del área, podrían haber “600 ingresos a carrera en el CONICET y 300 CPA (Profesional y Técnico de Apoyo)”, aunque aclaró que no está claro aún si se implementará el año que viene o en el siguiente.

El encargado de cerrar el evento fue Diego Hurtado, especialista en innovación y gestión de la tecnología y también en historia de la ciencia en la Argentina. En su charla, Hurtado habló sobre la dicotomía de Proyectos “refundacionales” vs políticas de Estado en Ciencia y Tecnología.

“Igual que pasó en el menemismo y en las dictaduras, el macrismo prometió en campaña que iba a conservar aquello que se hizo bien pero no sólo no lo conservó, sino que lo destruyó bajo el discurso: ‘vamos a refundar la República'”, subrayó Hurtado, quien también citó al ingeniero Marcelo Diaman (1983) con su teoría de “El péndulo argentino” entre un modelo de Lógica desarrollista y una Lógica neoliberal.

Así, en la primera el proyecto de país busca una Industria y una producción primaria, con una defensa de soberanía y objetivos estratégicos y con un Estado planificador, empresario y regulador. Mientras que la segunda lógica, más neoliberal, tiene en mente un modelo agroexportador con recursos naturales, un alineamiento incondicional en materia de política exterior y un Estado desregulador, entre muchas otras cuestiones.

“Hay un patrón en la historia argentina desde segunda mitad del siglo XX que permite entender la debilidad crónica de su sector de Ciencia y Tecnología y la inestabilidad de sus instituciones”, afirmó Hurtado, quien concluyó que “definitivamente, estas áreas tienen que ser una política de Estado”.

Fuente: Agencia CTyS-UNLaM

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