La búsqueda de los restos del Purísima Concepción, un barco español naufragado en 1765 en las costas de Tierra del Fuego, tuvo una nueva campaña de expedición que apunta a verificar que se trate de la misma embarcación que relata José de Ayesta. La arqueóloga Dolores Elkin y parte del equipo de expedición dialogaron con EL ROMPEHIELOS y dieron detalles de los hallazgos.

En Península Mitre la naturaleza manda. A fuerza de hostilidad climática, la punta sureste de la Isla Grande de Tierra del Fuego se ha mantenido virgen y reticente al avance de la civilización. Naturaleza en estado más puro, escenario de naufragios e historias de vieja data que vuelven a surgir de entre las mismas aguas que se llevaron al Purísima Concepción a naufragar en 1765.

El naufragio más antiguo del que se tenga registro en la historia marítima fueguina, cuyo registro pertenece a José de Ayesta, uno de los sobrevivientes y encargado de relatar los hechos y dejar las claves para que más de 250 años después, el equipo que coordina Dolores Elkin, Arqueóloga Marítima y buzo, investigadora del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) e integrante del programa de Arqueología Subacuática del Instituto Nacional de Antropología y Pensamiento Latinoamericano, puedan avanzar en esa conclusión.

Cerámica con vidriado verde que podría provenir de las llamadas “botijas”, recipientes habitualmente utilizados en barcos mercantes de la época. (Foto: Dolores Elkin)

El trabajo de campo nos ocupó 10 días. Hubo mucho trabajo previo de preparación, mucho material de archivo, entre esos el diario de uno de los sobrevivientes. La logística fue complicadísima” confesó Elkin en diálogo con EL ROMPEHIELOS. “Caleta Falsa era alejada y hubo que hacer un trabajo fuerte de coordinación náutica, de buzos y terrestre”, recordó la investigadora.

Y es que no hay rutas o caminos: para introducirse por tierra en Península Mitre se tiene que ir a pie, a caballo o vehículos todo terreno y con la guía de los pocos habitantes locales que conocen el territorio lo suficiente como para atravesarlo sin mayores inconvenientes.

Avances arqueológicos

Lo que podemos decir es que hay muy altas posibilidades de que lo que se descubrió corresponda al Purísima Concepción”, contó esperanzada la Arqueóloga argentina. Se trata de restos de cerámica española y balas de cañón, con características coincidentes con el período cronológico en el que se registra el hundimiento del Purísima Concepción. “Recién estamos empezando”, apuntó entusiasmada la investigadora del CONICET de cara a los avances que dejan entrever esta campaña.

Dolores relató la importancia que tuvo la intervención histórica de la crónica de José de Ayesta, uno de los 193 sobrevivientes encargado de contar los sucesos desde el hundimiento del Purísima Concepción el 10 de enero de 1765 hasta que consiguieron llegar a Buenos Aires, tras convivir durante 3 meses con los habitantes originarios de la zona. “Los cronistas son muy minuciosos en las descripciones. Uno con una lectura podría pensar cuál sería el lugar al que se refiere -indica Elkin. Ellos hablan de una bahía muy hermosa que sería Caleta Falsa, con un río hacia el oeste muy caudaloso”.

En el Museo Naval de Madrid se conserva el relato de José de Ayesta, uno de los marinos que naufragaron y lucharon tan bravamente por la supervivencia. (Foto: ABC.es)

Los restos hallados ahora deberán ser analizados en laboratorio. “Son pocos elementos, en su mayoría fragmentados”. La historia de Ayesta recuerda que fueron 193 personas las que naufragaron, que vivieron durante 3 meses en el lugar y construyeron otro barco. “No era esperable que hayan quedado muchos objetos. Lo que quedó lo habrán traído de vuelta”, señala Elkin, por lo que había “poca cantidad y rotos”.

“Se determinó volver a parar cortando obenques y arboladura, encalló el navío y quedamos perdidos en la Isla del Fuego en la costa de los tres hermanos y cinco leguas a barlovento del estrecho de Maire, según las cartas náuticas”
Recorte del relato de José de Ayesta tras el naufragio del Purísima Concepción

Hostilidad en altamar

Los profesionales del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas jugaron un rol esencial en el trabajo de campo. Uno de ellos es Ricardo ‘Bebote’ Vera, buzo profesional de larga trayectoria que se desempeña actualmente en el Centro Nacional Patagónico (CENPAT) perteneciente al CONICET. El profesional Patagónico habló con EL ROMPEHIELOS y contó su participación.

El Rompehielos: ¿Cómo fue tu participación en la campaña?

Ricardo Vera: Fui en parte de apoyo, no como conocedor, pero sí con la experiencia de estar en el lugar. Con Dolores (Elkin), ya hemos trabajado en buceo y en náutica. Me contó del tema que iban a hacer en Península Mitre y si me interesaría apoyar y estar acá. Pidió al CEMPAT y me autorizó. Fui a hacer la parte de apoyo en náutica porque lo más accesible era llegar a caballo, y así no se podían llevar muchas cosas. Había que llevar equipos de buceo, magnetómetro. Conseguimos un bote de Ushuaia y necesitaban alguien que tenga conocimiento. Para eso fui.

El viaje hasta Caleta Policarpo se realizó a lo largo de tres jornadas a caballo. En la foto, una parada junto a los restos del Duquesa de Albany. (Foto: Chris Underwood)

ER: ¿Qué diferencias encontraste entre los lugares que recorrés habitualmente y esta parte de Tierra del Fuego?

RV: Casi todo el laburo de investigación los hacés en lugares cercanos a alguna cuidad, también en el campo, pero este lugar es asombroso. Es inhóspito total. En bote era un desafío, la parte de ir navegando era un desafío total para todos. Teníamos que tener buen tiempo, íbamos a salir el miércoles, pero al final salimos el sábado a la mañana. Teníamos que ir y llevar los equipos para trabajar y el laburo era en el agua.

“Experimentamos muchas destemplanzas de tiempo, lluvias y granizos amenazándonos las nevadas a nuestra propartida. (…) por la urgencia del regreso que era físicamente imposible por lo pantanoso del terreno”.
Tal como menciona Vera, José de Ayesta también reparaba en la hostilidad del clima.

Yo más que nada estaba encargado de los buzos -relató Vera en la charla-. Cristian Murray (Especialista en arquitectura naval y buzo, PROAS-INAPL), Chris Underwood (arqueólogo y buzo, PROAS-INAPL) y dos arqueólogos más que trajeron el magnetómetro. Ellos decían en qué lugar se encontraba la concentración de cantidad de hierro, pero ese lugar está muy cerca de la costa”, recuerda el buzo experimentado.

Bala de cañon de 9 cm de diámetro. Sus dimensiones coinciden con los cañones de 6 libres que habría llevado a bordo la fragata Purisima Concepción. (Foto: Dolores Elkin)

Vera señaló, al igual que Ayesta en sus textos, que “la dificultad es lo cambiante que es la región en esa zona. Salíamos caminando de la casa hasta el bote, salíamos con sol, a los diez minutos granizo, a los diez cambiaba el viento. Habíamos salido del reparo hacia donde estaba el refugio y teníamos un oleaje con rompiente y tuvimos que pegar la vuelta”, repasa sobre la inestabilidad del clima a niveles extremos que se experimenta en el lugar.

Concepción exitosa

La historia del Purísima es muy emblemática. Es una historia de éxito”, considera Dolores Elkin. “Sabemos que sobrevivieron todos, que vivieron en armonía con los pueblos originarios, que regresaron hacia el Río de la Plata. Es uno de los primeros naufragios documentados históricamente en Tierra del Fuego. Fue una gran satisfacción hacer un trabajo de campo”.

“(…) pues cuando nos embarcamos lloraban y desde la isla nos hacían señas y llamaban. No encontramos en ellos otra arma que la flecha con su aljaba de piel de lobo, el arco de madera pulidamente labrado y su lengüeta de pedernal con que matan pájaros y con los perros que tiene en abundancia hacen la campaña a los animales”
José de Ayesta cuenta cómo fue la relación con los Pueblos Originarios durante los tres meses que permanecieron en la isla.

Creo que sí, si no fuera un proyecto que no es relevante no hubiese recibido el apoyo de National Geographic”, señaló sin dudar la Arqueóloga. En adelante, “los restos quedaron en su mayoría en el CADIC. A Buenos Aires se enviaron pocos materiales para estudios específicos. Análisis químicos de la cerámica para corroborar que es proveniente de España. El buceo fue complicado y no fue posible chequear que los cañones estaban ahí”, explica Elkin, en parte por lo que relataba Vera acerca de las complicaciones que presentaba el clima.

El trabajo incluyó relevamientos en tierra, en la zona de restinga. (Foto: Cristian Murray)

Seguramente habrá otra campaña, yo lo haría por separado: buceo por un lado y en tierra por otro”, resumió Elkin sobre el cierre de la charla. El equipo de investigación que encabezó Dolores estuvo además integrado por el licenciado Martín Vázquez (CONICET-Centro Austral de Investigaciones Científicas), quien fue el codirector del proyecto y responsable de las excavaciones terrestres. Chris Underwood (ICOMOS y PROAS-INAPL), Cristian Murray (PROAS-INAPL), Mónica Grosso (PROAS-INAPL), Francisco Zangrando (CONICET-CADIC) y los especialistas en sensoramiento remoto Michael Krivor y Joe Hoyt de Estados Unidos.

Ricardo Vera (CONICET-CENPAT) y Daniel Robledo (La Casa del Buceador) fueron parte del equipo en las actividades náuticas y de buceo. El Club Hípico del Fin del Mundo (Adolfo Imbert, Laura Muiños y Agustín Szczepañski) brindó el apoyo logístico ecuestre mientras que el apoyo logístico náutico estuvo a cargo de la empresa Pescamar (Martín Capdet y Víctor Drago), ambos de la ciudad de Ushuaia.

La investigadora a cargo de la dirección del proyecto reconoce además el apoyo de los camarógrafos Jorge Otamendi y Facundo Gallo de La Huella Films, a cargo del registro audiovisual y la colaboración de la Dirección Provincial de Museos, dependiente de la Secretaría de Cultura de Tierra del Fuego. Las empresas La Anónima S.A., Kamby S.A., Makalu, Marine Magnetics (USA), Hypack (USA), Gendarmería Nacional, la Posada del Fin del Mundo, “y varios individuos que contribuyeron con el proyecto de manera particular: Inés Menendez Behety, Sergio Bilbao, Mariano Viaña, Daniel Martinioni, Juan Croce y Miguel Vidal Dos Santos. Gracias a todos ellos se pudo concretar el complejo trabajo de campo realizado en el extremo Sur del continente americano”, agradeció Elkin.

“La echamos al agua el 20 de marzo con el nombre de San José y las Ánimas. El día de San Francisco de Paula (el 2 de abril) nos hicimos a la vela con solo nuestras camas, aguada, y bastimentos para el número de las personas dichas, que ni aun parados dentro de su bodeguita y como sardinas estrechados cabíamos en ella y navegamos con tiempos crudos y a los 24 días se apiadó la Divina Providencia y arribamos a esta ciudad en Derechura (aunque desfallecidos), sin mayor quebranto en la salud, y con pérdida de cuatro hombres que se ahogaron de calor y sofocados en la bodega con los malos tiempos y cerrada la escotilla por no ahogarnos con los golpes de la mar”
Recorte del relato de José de Ayesta donde cuenta su partida en la nueva embarcación y cuánto tardaron en llegar.

 

Pablo Riffo 

editada 13/02/2018 – 16hs

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