La sociedad argentina está en alerta por la avanzada de la megaminería en el territorio nacional. El mes pasado los reclamos populares lograron frenarla en Mendoza. Ahora el pueblo chubutense se moviliza para evitar la derogación de la ley 5001 que prohíbe la actividad en esa provincia. Pero ¿a qué se debe este rechazo? ¿Cuáles son las consecuencias de la megaminería para la naturaleza y la sociedad?

La megaminería ha sido la solución para el agotamiento de las posibilidades de la minería tradicional. Agotadas la vetas de minerales y metales, el ingenio humano ha desarrollado una tecnología que permite “licuar” la roca para extraer los recursos que en ella se esconde. Se trata de un proceso de altísimo impacto que requiere de masivas voladuras y remoción de material, y el uso de químicos de gran potencial contaminante para separar la roca de los minerales y metales. Como parte del proceso, se cavan cráteres gigantescos que llegan a tener 150 hectáreas de extensión y hasta 200 metros de profundidad. Para extraer 0.01 onzas de oro, las compañías mineras necesitan remover y destruir una tonelada de suelo. La megaminería, también llamada minería a cielo abierto, literalmente destruye montañas enteras, reemplazándolas con agujeros estériles en la tierra. Probablemente se trate de la actividad humana mas agresiva a nivel ambiental, social y cultural. Esto se debe, por un lado, a las dimensiones de terreno que afecta, que pueden ir desde bosques tropicales, laderas de montañas, cuencas hídricas o suelos destinados a otras actividades productivas como la agricultura. En su explotación utiliza cantidades enormes de materiales químicos y tóxicos y en el proceso de extracción existe un alto riesgo de vertidos de desechos contaminantes en el ambiente. La megaminería Provoca el colapso de las economías agrícolas locales y produce impactos sociales tales como: desplazamiento de las poblaciones y pérdidas de los derechos colectivos, territoriales y ambientales. 

Durante la explotación de una mina a cielo abierto se produce una amplia gama de impactos ambientales y sociales, los cuales afectan prácticamente todo el entorno en el cual se desarrolla la actividad. En primer lugar, el impacto mas notorio es el que se produce sobre la superficie.

La actividad modifica severamente la morfología del terreno, apila y deja al descubierto grandes cantidades de material estéril, produce la destrucción de áreas cultivadas y de otros patrimonios superficiales, puede alterar cursos de aguas y formar grandes lagunas para el material descartado. Al mismo tiempo hay un fuerte impacto en el entorno en general, debido a la transformación del paisaje o la contaminación sonora provocada por las maquinarias y las explosiones.

El aire también se ve afectado ya que se expone a ser contaminado por polvo, vapores y gases de cianuros, mercurio, dióxido de azufre contenidos en gases residuales, procesos de combustión incompleta o emanaciones de charcos o lagunas de aguas no circulantes con materia orgánica en descomposición. 

La actividad también tiene un fuerte impacto en el agua, pudiendo impactar tanto en el agua superficial como en las subterráneas. Los residuos sólidos finos provenientes del área de explotación pueden dar lugar a una elevación de la capa de sedimentos en los ríos de la zona. Diques y lagunas de oxidación mal construidas o mal mantenidos, o inadecuado manejo, almacenamiento o transporte de insumos (como combustibles, lubricantes, reactivos químicos y residuos líquidos) pueden conducir a la contaminación de las aguas superficiales, mientras que aguas contaminadas con aceite usado, con reactivos, con sales minerales provenientes de las pilas o botaderos de productos sólidos residuales de los procesos de tratamiento, así como aguas de lluvia contaminadas con contenidos de dichos botaderos, o aguas provenientes de pilas o diques de colas, o aguas de proceso contaminadas, pueden llegar a las aguas subterráneas. 

Ademas del impacto ambiental, esta actividad también incide negativamente a nivel social y cultural. La minería a cielo abierto puede provocar conflictos por derechos de utilización de la tierra, dar lugar al surgimiento descontrolado de asentamientos humanos ocasionando una problemática social y destruir áreas de potencial turístico. Puede provocar una disminución en el rendimiento de las labores de pescadores y agricultores debido a envenenamiento y cambios en el curso de los ríos. Por otra parte, puede provocar un impacto económico negativo por el desplazamiento de otras actividades económicas locales.

Los aspectos más preocupantes de la megaminería son su alto consumo de agua, el cual puede representar un grave problema en regiones donde dicho bien escasea para consumo humano o para otro tipo de actividades económicas, y la utilización de químicos de alta peligrosidad como el cianuro, utilizado en las minas donde se extrae oro a partir de la técnica de lixiviación. Tanto el cianuro como los metales pesados liberados por él (entre ellos se encuentran arsénico, antimonio, cadmio, cromo, plomo, níquel, selenio, talio) son una amenaza para las quebradas, ríos o lagos, para las fuentes subterráneas de agua y para los peces, la vida silvestre y a las plantas, como así también para las comunidades humanas cuyas fuentes de agua potable se ven amenazadas por la posibilidad de contaminación.

Estos son solo algunos de los motivos por los cuales la megaminería es tan repudiada por la sociedad. Se trata de una actividad muy lucrativa para algunos sectores, pero los pasivos ambientales y sociales son inadmisibles. Mientras el poder económico busca instalarse en nuestras montañas, el pueblo, que entiende que el futuro está en juego, resiste en las calles.

Abel Sberna

Fuente: noalamina.org

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